Comentario – Domingo III de Tiempo Ordinario

(Mc 1, 14-20)

Jesús comienza su predicación, brilla la luz de su palabra. Y en esa predicación se destaca el anuncio del reinado de Dios que está cerca. Este reinado significa que Dios viene a ejercer su poder en nuestro mundo; pero no a la manera de los poderes políticos o militares, sino a través de Jesús manso y humilde.

Se trata de un modo de reinar que es completamente distinto de los reinados de este mundo, porque se fundamenta en la acción de Dios que transforma los corazones pero sin violentarlos ni forzarlos. De hecho Jesús pidió a sus discípulos que no se relacionaran entre ellos a la manera de los poderosos, que hacen sentir el peso de su autoridad (Mt 20, 25-28).

Si se acepta ese reinado de Dios, entonces allí donde había oscuridad comienza a hacerse presente la luz; donde el odio y los rencores perturbaban y dividían comienza a reinar la paz, el diálogo, la comunión; allí donde las tristezas, angustias y temores ejercían su dominio comienza a dominar la esperanza y el gozo.

Jesús viene a hacer presente la salvación de Dios sobre todo en su entrega en la cruz, donde el poder no es imposición de la autoridad sino servicio humilde y despojado.

Pero además, él elige unos pobres pescadores para que lo acompañen en esta misión de transformar el mundo con la presencia de Dios. Él no necesita seres poderosos, famosos, importantes, porque será su poder el que se manifestará a través de ellos.

En Jesús viene a hacerse presente la vida, la fuerza, la paz de Dios en las personas y en la sociedad, pero para eso requiere también de un sí de los corazones humanos en el arrepentimiento y en la confianza: “Arrepiéntanse y crean”.

Oración:

“Señor Jesús, ayúdame a ser instrumento tuyo para que el Reino de Dios se haga más presente en esta tierra. Toca mi corazón con tu gracia, y enséñame a vivir de tal manera que pueda contagiar el deseo de tu presencia, la sed de fraternidad y de justicia, la paz que tu presencia entre nosotros nos puede regalar”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día