Comentario – Jueves III de Cuaresma

Recuerdo haber comentado ya este pasaje evangélico. Me ciño a una sola frase: Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros. La conclusión remata los argumentos empleados por Jesús contra los fariseos que atribuían sus milagros y exorcismos a la alianza con el príncipe de los demonios o al uso de artes ligadas a la magia. Jesús desmonta la interpretación de los fariseos haciendo ver lo ilógico de su razonamiento. Es ilógico pensar que los demonios se hagan la guerra a sí mismos. Son malvados, pero no idiotas.

Jesús no actúa como aliado del demonio en contra del hombre poseído por el demonio, sino como aliado del hombre sometido al demonio de parte de Dios. Por tanto, si él “echa los demonios”, es decir, libera de la enfermedad, del maleficio diabólico y del pecado, cura y perdona, es que el Reino de Dios ha llegado al hombre enfermo u oprimido. Esta “llegada” no es sino el comienzo de la salvación para una humanidad necesitada de la misma. Jesús entiende, pues, que sus acciones liberadoras representan ya la incoación de ese Reino que él ha venido a traer a un hombre que aspira a esa meta de felicidad y de vida desde su situación de pecado y de muerte.

Cualquier experiencia de liberación que podamos tener en virtud de la acción de Dios (el dedo de Dios) en el mundo –una curación, la liberación de cualquier forma de esclavitud, la remisión de una culpa que nos oprime, el perdón- será una expresión de la presencia efectiva de ese Reino que, como todo, comienza siendo una semilla llamada a crecer o una levadura llamada a transformar.

Así obra Dios, adecuándose a la condición progresiva del hombre, ajustándose a su modo de ser temporal. Ello explica que la salvación del hombre tenga su recorrido en el tiempo, su proceso de maduración, su tránsito hacia lo más perfecto. También explica la paciencia de Dios con nosotros; una paciencia que nos enseña a ser pacientes con los demás, a saber esperar el fruto de las cosechas por venir. Que el Señor nos dé capacidad para ver su dedo en las acciones que anuncian la llegada de su Reino a nosotros.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística