Uno pastor y recolector, los otros aventureros

1.- El buen Amós, metió la pata, quiero decir que él, judío del sur y pobre como era, un pastor que a ratos perdidos dedicaba su tiempo a trasformar frutos, tuvo el atrevimiento de desplazarse e increpar a la autoridad del norte. Hoy en día es un delito perfectamente tipificado, se trata de injerencia de un extranjero en los asuntos internos del país donde se encuentra, sin ser el suyo, actitud que ocasiona la expulsión de inmediato del que se atreve a tal cosa. Y suerte tiene el tal sujeto, si esta es la única consecuencia de su atrevimiento. El pobre Amós se entretenía en pinchar higos de higuera, o de sicomoro, da lo mismo, pues son semejantes. Los tales frutos maduran proporcionando mejor calidad, si uno los manipula de esta forma. Después es preciso extenderlos para que el sol y el viento los deshidraten y, conservándolos sueltos o machacándolos hasta convertirlos en pasta espesa, elaborar un dulce que se conserva con facilidad y es agradable al paladar. Amós, un humilde artesano, se atreve a denunciar a la autoridad, Amós este pobre hombre, hombre pobre, es un gran hombre audaz. La audacia, tan necesaria hoy en día, no es privilegio ni de poderosos, ni de ricos, ni de intelectuales, ni de matones. Ser audaces es una manera de responder noble y arriesgadamente a Dios. Mis queridos jóvenes lectores, este es momento de que os preguntéis ¿Qué espera Dios de mí, en su proyecto de cambio y mejora de la actualidad? Por inexpertos que os creáis, encontraréis ejemplos de chicos o chicas que os han precedido y que, con su pequeña valentía, han cambiado su entorno, mejorándolo, haciéndose a la vez santos. Desde el niño Tarsicio hasta la joven Juana de Arco.

2.- Vosotros sabéis que la letra de muchas canciones de hoy en día, canciones que os pueden gustar por su ritmo o sonoridad, es frecuentemente de muy pobre contenido. En la antigüedad era todo lo contrario. En la segunda lectura de este domingo tenéis un himno muy denso. Es el resumen de varias lecciones de teología. Dejo el comentario para otro día. Vale la pena fijarse bien en la lectura del fragmento evangélico.

Sabéis la actualidad que tienen los deportes de aventura y riesgo. Desde la escalada al puenting, rafting, etc. Sabéis también que, para practicarlos, se requiere costosos equipos, complicadas técnicas, federarse y pagar cuotas de seguros. Tal vez lamentéis no poder sufragar estos gastos y miráis con envidia a los que pueden practicar la escalada, el descenso a simas, o deslizarse por corrientes de aguas rápidas. Estas prácticas deportivas son para gente escogida, pero, si queréis gozar de felicidades semejantes y aún mayores, debéis sumergiros en el terreno espiritual. Cuando uno se hace del equipo del Señor, cuando se aviene a formar cordada con Él, cuando aspira a penetrar en las profundidades de la mística, o decide emprender la conquista de nuevas y desconocidas aventuras apostólicas, comprueba que al meterse en estos vericuetos, se logra, sin tener que pagar nada, sin necesitar equipo, buenos éxitos, y sin cuotas. Y es más interesante.

3.- Con diferente lenguaje lo dice Jesús en el fragmento evangélico de hoy, a sus apóstoles de aquel tiempo. Les prepara un viaje para abrir caminos y les dice que deben desprenderse del lastre que entorpece movimientos. Tampoco deben encargar habitaciones de hotel. Ser apóstol será una gran aventura en la que, aunque puedan sufrir pasajera derrota, no perderán el honor y no serán vencidos. Encontrará uno peligros y dificultades, hay que vencerlos. Pasará por momentos inimaginables, por encuentros insospechados, por descubrimientos que le estaban hasta entonces, velados. No perderá el tino y gozará de la aventura y, al final, del triunfo. Mis queridos jóvenes lectores, quien esto os escribe ha pasado muchos años siguiendo esta aventura y venciendo problemas en los que nunca había creído pudiera encontrarse. Pero quien os invita a esta fascinante aventura, discípulo del Señor, no es el único en haberla emprendido, muchos se han animado a hacerlo, a vuestro alrededor también los podréis encontrar. Preguntadles y os explicarán la gran cantidad de alegría de que han gozado y lo contentos que están de que un día, de vuelta de la gran excursión, que es la llegada al Reino, están ilusionados que se encontrarán con el Señor, nuestro maestro, el entrenador, el patrocinador del mejor deporte que pueda uno escoger.

Pedrojosé Ynaraja