Comentario – Martes XXII de Tiempo Ordinario

(Lc 4, 31-37)

Este texto quiere mostrar a Jesús actuando, para hacer ver que su predicación no consiste sólo en transmitir nociones, sino que él está lleno del poder de Dios. Su palabra poderosa tiene la victoria sobre el mal que oprime a los hombres. Por eso se dice que hablaba “con autoridad” (vv 32. 36).

Los espíritus impuros se le someten y lo proclaman “consagrado”. Llama la atención ver esta especie de alabanza en labios de los demonios. No hay que olvidar que los espíritus del mal no necesariamente niegan las verdades de fe (Sant 2, 19), pero evidentemente no se trata de la fe salvífica, que se hace activa por el amor (Gál 5, 6). Además, ya decía San Pablo que a veces “Satanás se disfraza de ángel luminoso” (2 Cor 11, 14). Por eso muchas veces las cosas religiosas nos engañan. Alguien puede ser aparentemente muy religioso pero estar luchando a favor del odio, la injusticia y los poderes del mal; su religiosidad puede ser vacía (Sant 1, 26).

Sin embargo, esto no significa un desprecio a la oración de alabanza, ya que todo el evangelio de Lucas destaca la reacción de la gente piadosa, que alababa a Dios viendo lo que Jesús hacía. La alabanza es una reacción espontánea del que se deja amar por Dios y tiene un corazón sencillo, capaz de admirarse por las maravillas de Dios. El que alaba con sinceridad es el que sale de sí mismo por un instante para contemplar embelesado al Dios que lo supera, al Señor que está colmado de hermosura y de bondad. Un modelo de esta maravillosa experiencia es María, que reaccionó ante la iniciativa de Dios diciendo: “¡Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su esclava!” (Lc 1, 46-48).

Pero este relato nos muestra también que los espíritus impuros no tienen poder alguno ante Jesús, no pueden resistirse a su presencia poderosa, a su “autoridad”.

Oración:

“Señor, yo reconozco que tienes poder para liberarnos de los males que nos oprimen, y que sobre todo quieres liberamos de los males que atormentan el corazón, a veces trastornado. Por eso te ruego que manifiestes tu poder en mis seres queridos y reines en sus vidas con tu fuerza liberadora”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día