Comentario – Miércoles XXIX de Tiempo Ordinario

(Lc 12, 39-48)

Este texto es una continuación de los versículos anteriores, donde Jesús invita a sus discípulos a estar atentos, porque no saben cuándo llegará el fin. Y este texto nos muestra que la voluntad de Dios es precisamente que no sepamos cuándo será el fin, para invitarnos a estar atentos cada día.

La posibilidad de que este día sea el último le da más seriedad y consistencia a las horas que vivimos. Y es una ingenuidad vivir superficialmente como si esta vida en la tierra fuera eterna. Esta vida no es un tiempo que hay que pasar lo mejor que se pueda, buscando sólo satisfacer las necesidades primarias; esta vida es una gran oportunidad.

Pero estos versículos nos aclaran un poco mejor en qué debería ser utilizado el tiempo que Dios nos regala: «el siervo bueno y fiel está puesto al frente de la servidumbre para distribuir las raciones a su tiempo» (v. 42). Esta vida se vive plenamente y es un anticipo del cielo cuando la usamos para servir a los demás y nos preocupamos por sus necesidades. En el cielo, donde todos seremos felices, no habrá oportunidad para socorrer al necesitado. Esa oportunidad es la que sólo esta vida nos brinda. Por el contrario, lo peor que puede sucederle a alguien es que el fin lo sorprenda tratando mal a los demás y pensando sólo en su propio placer (v. 45).

Los que han recibido muchos dones para servir a los demás tendrán que rendir cuentas a Dios por esos regalos, porque del buen o mal uso de ellos depende algo serio: la felicidad de los demás; y con eso no se juega. «Al que más se le confió más se le reclamará». Esto no nos invita a mirar a Dios como a un patrón controlador, porque esta advertencia es un signo de que su amor nos toma en serio y nos impulsa a más, nos lanza hacia la madurez, nos invita a la fecundidad. El que ama en serio quiere promover al ser amado, desea verlo lleno de vida, fecundo, pleno. Y así ama Dios.

Oración:

«Señor, muéstrame la ruina que yo mismo me voy preparando cuando pienso solamente en mí, cuando me encierro en mis propias necesidades y soy incapaz de mirar al costado. Dame tu gracia para que aprenda a socorrer al hermano y a compartir con él lo que me has regalado».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día