Comentario – Jueves XXIX de Tiempo Ordinario

(Lc 12, 49-53)

Los evangelios suelen presentarnos un Jesús paciente, que habla de amor, que invita al perdón y a la comprensión. El mismo evangelio de Lucas, al que pertenece este texto, pone el acento en las delicadezas de Jesús y en su mensaje de misericordia. Pero esa sería una visión parcial que podría llevarnos a imaginar a Cristo como un ser desprovisto de firmeza, de decisión, de convicciones sólidas, y hasta poco masculino.

Esa imagen no motiva ciertamente a una conversión seria, a tomar firmemente el camino de Dios como una opción que toma toda la vida y que merece una decisión valiente y apasionada.

Por eso este texto es sumamente importante. Jesús quiere derramar un fuego que purifique: él no resiste los egoísmos, las mediocridades, la falsedad, la falsa paz. El encuentro con Dios cuando es verdadero quema (Is 1, 25; 4, 4; 9, 17; Zac 13, 9), quiere quitarnos esa comodidad a la que nos aferramos cuando nos apegamos a nuestras imperfecciones. Una fe que rechaza las purificaciones y los desafíos no es más que un barniz de religiosidad que no alcanza ni para ocultar el vacío de una vida sin sentido.

Y Jesús ansia recibir su bautismo, que es la Pasión (Mc 10, 38-39); porque la Pasión será causa de división. Unos no la tolerarán y tomarán a Cristo como un fracasado, y otros deberán aceptar al Cristo crucificado con todas las consecuencias que eso implique. En el mismo evangelio de Lucas encontramos ese anuncio de Cristo como causa de contradicción (2, 34-35). Y habrá que optar por él aun cuando los lazos familiares exijan otra cosa. Él está por encima de una falsa paz familiar, y ningún discípulo puede avergonzarse de él y negarlo cuando los mismos parientes se opongan a su fe. Las expresiones están tomadas de Miq 7, 6 e indican que la opción por Cristo es cosa seria.

Oración:

«Derrama tu fuego Señor, quema los ídolos que dominan mi vida y la hunden en el vacío, y le quitan el gozo, y paralizan el dinamismo de la entrega. Infunde en los creyentes la decisión y el coraje para tomar en serio el mensaje del evangelio con todas sus consecuencias».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día