Meditación – Jueves II de Tiempo Ordinario

Hoy es jueves II de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 3, 7-12):

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacia, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

El evangelio de Marcos nos regala esta página en la que vemos cómo Jesús lleva adelante su misión, la multitud lo sigue y hasta los espíritus impuros lo confiesan como Hijo de Dios. Quizás nos pueda parecer raro esto de los “espíritu impuros” sin embargo aparece varias veces en el evangelio. Nosotros no lo tenemos que entender como a veces nos lo vende la industria cultural: diablo, fantasmas, posesiones, rituales, espectros, magia, cuernos, cola y tridente…. nada de eso. Marcos se refiere con esto a todo espíritu contrario a la voluntad salvadora de Dios expresada en Jesús. El impuro es el que no está en condiciones, el que hace la contra. Esos son los demonios y espíritus impuros, que a demás terminan confesando a Jesús como Hijo bendito de Dios. Hoy más que nunca tenemos que renovar nuestra fe en los espíritu impuros porque están presentes en nuestra sociedad y en nuestro corazón: odio, separación, violencia, abuso, pobreza, marginación, tentación, poder, manipulación…. entre otros son malos espíritu que viven entre nosotros, espíritu impuros que no nos permiten ver a Jesús como liberador y salvador y no nos deja llenarnos del espíritu de Dios para ser discípulos y misioneros. Los espíritus impuros siempre van a estar presentes pero no son personas, ni ideologías, ni comunidades, ni ONGs, ni partidos políticos… Los espíritus impuros no habitan afuera del hombre, los tenemos bien adentro de nuestro corazón y contra ellos tenemos que luchar sabiendo que el único campo de batalla es el corazón. Hoy necesitamos renovar nuestra fe en Jesús para que nos purifique, para que nos salve, sane y libere de todo miedo y violencia, incluso como sociedad, de todo aquello que nos separa de Jesús, nos aleja de nosotros mismos, y nos encierra en nosotros para no dejarnos cuestionar por el otro. Hoy Jesús vuelve a hacer que los espíritus impuros se postren ante Él. Sólo hace falta creer, y eso sí, abrirle la puerta de nuestro corazón. ¡Abrazo grande en el corazón de Jesús!

P. Sebastián García