La misa del Domingo

Domingo XXIII (C)
8 de septiembre de 2019

Si alguno viene a mí…

Muchas personas se han sentido atraídas por Jesús. Por esta atracción fueron capaces de volver su vida hacia Dios con el deseo de buscarlo. Un requisito fundamental para la vida cristiana es sentirse atraídos, experimentar el amor del Señor, notar como los misterios de la vida junto a Jesús se viven mejor. Los buscadores no son solo personajes del pasado. Hoy sigue habiendo muchas personas que están en búsqueda y desean ardientemente ser atraídas por el Señor. No olvidemos que “el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno” (EG 265).

…y no pospone…

¿Qué es ser atraído? Básicamente consiste en sentirse amado del Señor y lleva a buscar lo que Él busca y amar lo que Él ama. Como se ve, ser atraído es unir nuestra vida a la vida de Jesús, es poder decir “como tú, Señor”.

Hay que reconocer que normalmente necesitamos mucha convivencia con el Señor hasta que nuestro corazón esté en total sintonía con el suyo. La oración es ese diálogo que se establece entre un corazón que habla a otro corazón. En la oración Jesús no solo nos habla y muestra su amor sino que nos va modelando haciéndonos más de Él.

Este camino de búsqueda exige que pongamos cosas importantes en segundo lugar porque el primer lugar solo lo ocupa el Señor. Las palabras de Jesús pidiendo a sus discípulos posponer la familia y los propios planes sonaban fuertes y radicales en los tiempos de Jesús. Hoy siguen sonando fuertes y radicales. Mientras algunos pueden sentirse incómodos escuchando estas palabras de Jesús, otros reconocen que muchas veces ponemos muchas cosas por delante del Señor. Y así la vida cristiana pierde fuerza.

…no puede ser discípulo mío.

Nosotros queremos ser de Jesús, queremos ser discípulos y discípulas de Jesús. Y reconocemos que como los primeros discípulos también nosotros necesitaremos aprender. No basta nuestro deseo. Jesús nos va acompañando y educando en el camino de la vida, y nos irá diciendo qué tenemos que hacer. Ser discípulo no está en nuestra mano, sino que es un regalo. Jesús es un regalo.

Koldo Gutiérrez, sdb