La misa del domingo

Domingo de Ramos
SEMANA SANTA EN CASA
5 de abril de 2020
Para algunos el domingo de Ramos significa la puerta de entrada a unos días de descanso, para otros es un domingo especial porque se inician las celebraciones de la Semana Santa, donde revivimos el misterio de la fe: la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Este año viviremos el domingo de Ramos en un contexto inédito. La pandemia del coronavirus ha hecho ver que el sufrimiento y la muerte son nuestros vecinos. No sabíamos que el dolor estaba tan cerca. En estos días estamos viendo su rostro, pero también estamos viendo el rostro de la solidaridad, del apoyo mutuo, de lo necesario que es centrarse en lo importante y olvidarse de lo que no lo es tanto.

La Escritura recuerda que aquel día entró una caravana de alegría y vida en Jerusalén. Era la comitiva de Jesús. Le acompañaban sus discípulos. Venía en un borrico y no en una gran cabalgadura. El pueblo salió a su espera. Allí estaban los sencillos, los niños, los pobres. Alzaban ramos, gritaban vítores, cantaban salmos. Con Jesús venía la esperanza. Quizás en otras partes de la ciudad hubiera una comitiva de muerte. Esa comitiva que poco a poco fue ganando adeptos llevó a Jesús a la cruz. En este domingo la liturgia deja ver el contraste que hay entre la alegría de los sencillos y la gravedad de la pasión y muerte de Jesús. Hoy la liturgia nos adentra en los misterios de la fe.

Es posible que en estos días de pandemia muchos se pregunten: ¿Está o no está Dios con nosotros: en el sufrimiento de los enfermos, en el drama de los muertos, ¿en la soledad de las familias? Es muy posible que esta pregunta ronde nuestras mentes. Pero no olvidemos que esta semana que llamamos santa concluye con el domingo de Pascua. Si, Dios mismo estaba con Jesús en su pasión y muerte, pero lo ha devuelto a la vida. Dios mismo está sufriendo con nosotros, pero nos trae un mensaje de vida. No pensábamos que fuese tan necesaria la resurrección y la esperanza. La esperanza que nos anima es la esperanza de sabernos en las manos de Dios. Es la esperanza que nos lleva a afirmar que sin Jesús no somos nada.

Celebramos este domingo de Ramos en casa junto a la familia. En ocasiones nos han dicho que la familia es la iglesia doméstica. Hoy se ve con claridad. No podemos ir a la Iglesia, pero no olvidemos que somos Iglesia doméstica. Nuestra casa es una Iglesia, un templo, el lugar donde Dios habita y se hace presente. Nuestro hogar es el lugar donde nuestras relaciones se fortalecen, lugar del amor y de la misericordia, espacio donde acoger y anunciar la buena nueva de Jesús. Con esperanza abramos la puerta a la semana. Esta semana va ser una Semana Santa especial. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Koldo Gutiérrez, sdb