Comentario Domingo V de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Por tu bondad, Señor y Hermano Jesús:

Concédenos escuchar tu Palabra con el corazón abierto y con nuestro ser entero orientado a Ti.

Haz que nos sea:
– luz en el caminar de nuestra vida,
– fortaleza en la lucha diaria,
– nuestro gozo en los sinsabores de nuestra existencia AMEN.

Mc 1, 29-39

«29Y, de inmediato, saliendo [Jesús y sus discípulos] de la sinagoga, fue a la casa de Simón y Andrés, con Santiago y Juan.

30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y de inmediato le hablan de ella. 31Y, acercándose, la levantó cogiéndole de la mano.
Y le dejó la fiebre y les servía.

32Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. 33Y estaba la ciudad entera agolpada a la puerta.

34Y curó a muchos enfermos que tenían diversos males y expulsó muchos demonios, y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.

35De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar desértico y allí se puso a orar.

36Y fueron a buscarle Simón y sus compañeros y, 37al encontrarlo, le dicen: “Todos te buscan”.

38Y les dice: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para proclamar también allí, porque para eso he salido.

39Y fue por Galilea entera, proclamando en sus sinagogas y expulsando los demonios».

PALABRA DE DIOS 

 

CONTEXTO

El evangelio de este domingo es continuación del evangelio del domingo pasado. Jesús, después de sanar a un endemoniado en la sinagoga de Cafarnaún (1,21-28), continúa haciendo presente la nueva realidad de la soberanía salvadora de Dios. La fiebre de la suegra de Simón, todo tipo de enfermedades y los demonios (= espíritus inmundos) salen derrotados tras el encuentro con Jesús. La narración continuará con la curación de un leproso, episodio con el que termina el capítulo 1º del evangelio de Marcos, narrado de forma trepidante y con gran incidencia de las curaciones de Jesús.

TEXTO

Está formado por tres pequeñas unidades textuales (perícopas): 1) La curación de la suegra de Simón; 2) Un sumario o resumen de actividad de Jesús, de curaciones y exorcismos; 3) Un (des)encuentro de Jesús y sus primeros discípulos. Cada perícopa tiene su peculiaridad. En la primera, la curación de la suegra de Simón, aparece un gesto típico de Jesús: tomar de la mano y levantar. Jesús capacita a las personas para vivir cabalmente, enteramente, su proyecto vital; y, en esta ocasión, es servir (una característica esencial del discipulado en Mc). En la segunda, en la que continúa la confrontación entre la fuerza de Dios transmitida por Jesús y las fuerzas demoníacas, abocadas al fracaso, hay un elemento perturbador: le llevan todos los enfermos y endemoniados, pero Jesús sana a muchos. Un elemento que se presenta más explícito en la tercera, en la que los discípulos quieren marcar la ‘agenda’ de Jesús, y él se resiste (‘todos te buscan’ =/= ‘vámonos a otra parte’). Adelantar la identidad de Jesús (como hacen los demonios) o marcar la agenda de Jesús (como hacen los discípulos) son una manera de atrapar a Jesús en nuestros intereses, lo cual es combatido enérgicamente en el evangelio de Marcos, donde Jesús, maestro y señor, siempre va por delante, marcando el camino.

ELEMENTOS A DESTACAR

• Los escenarios: la proclamación de la soberanía de Dios no se limita a los espacios sagrados (sinagoga), sino que se extiende a los ámbitos naturales donde está la gente (casa). Nuestro seguimiento de Jesús tiene que abarcar todos los espacios en los que nos movemos. ¿Es así?

• Los verbos de movimiento: Jesús no para en su misión de hacer presente la nueva realidad salvadora de la soberanía de Dios (cf. Sal 97: “Dios reina, la tierra goza”). En su continuo ‘ir y venir’ hay una llamada a nuestro empeño por llevar la presencia salvadora de Dios siempre y en todos los sitios.

• La insistencia en las actividades de Jesús: proclamar, curar, expulsar demonios: hacer presente la soberanía de Dios, sanar por fuera y por dentro a las personas. ¿Son así nuestras actividades ‘comunes’? Notad que si recomenzamos a leer el evangelio desde el versículo 21, veremos que, desde 1,21 a 1,39, final del evangelio de hoy, se nos narra “un día cualquiera” de Jesús, que se conoce como “la jornada de Cafarnaún”. ¿Qué tiene que ver con “un día cualquiera de nuestra vida”? ¿Qué podríamos hacer para que se parecieran más?

• Las oposiciones que se insinúan (o más que eso) en el evangelio (‘todos-muchos’; ‘te buscan-vamos a otra parte’) preparan el terreno para el desarrollo dramático del evangelio y crean en el lector una tensión narrativa que le pide seguir adelante en su lectura. Indican que siempre corremos el peligro de utilizar a Jesús, cuando realmente él tiene que ser el Señor de nuestras vidas.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

 

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

 

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

 

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?