Notas para fijarnos en el Evangelio

• Juan 3,1-21 cuenta el diálogo de Jesús con Nicodemo sobre el nuevo nacimiento, el envío del Mesías y la respuesta del hombre. El texto desarrolla el último punto como momento donde se hace realidad el hecho sal-vador. Claramente revela que la salvación es iniciativa divina que se ha realizado por medio de Jesús, y que el hombre se la apropia o rechaza por la fe o la incredulidad respectivamente.

• Nicodemo representa al judaísmo culto. Tiene simpatía por Jesús; pero, a la vez, miedo a los dirigentes. Por eso se acerca a Jesús “de noche”. Representa así a los creyentes de todos tiempos que tienen prejuicios “vergonzantes” para aceptar el Evangelio.

• La “serpiente” es figura de la muerte de Jesús en cruz y de la salvación que viene de Él. La “elevación” (14) del “Hijo del hombre” es la crucifixión y la resurrección de Jesús.

• Quien mire (Nm 21,9) con fe a Cristo glorificado en la Cruz recibe la vida “eterna” (15). Mirar con fe es lo mismo que decir “creer”, en el sentido expresado antes, de acogerlo a Él, su Palabra y su estilo de vida.

• El designio de Dios es, exclusivamente, la salvación y la vida (16); este designio salvador de Dios, además, es universal, es para todo el mundo. Nadie queda excluido de su amor (16).

• Que Dios dé a “su Hijo único” (16) por “amor al mundo”, quiere decir que lo ofrece Él mismo, que da su propia vida (Rm 5,8; 1Jn 4,9- 10). Nos recuerda otros textos: Abraham– Isaac, figura del amor que lo da todo (Gn 22,16); la parábola de Mt 21,33-46, que describe la disposición de Dios a darlo todo por los pecadores, por quien lo rechazan (Mt 21,37).

• El “juicio” (o “condena”) significa que la presencia de Jesucristo como luz del mundo hace que debamos decidir si acogemos o rechazamos su salvación, su amor, su persona, su estilo y el Reino que anuncia. Es este el juicio: no que Él haga de juez sino que nos provoca porque nosotros mismos decidimos. Algo de esto tiene el “juzgar” de la Revisión de Vida, dónde no es ningún juicio a nadie sino que es el espacio en el cual somos urgidos por “la luz” de Jesucristo a decidir, a concretar, a actuar.

• Por otra parte, la presencia luminosa de Jesús hace que quede al descubierto la propia vida, y se ponga de manifiesto quiénes somos, cuál es la realidad del mundo, etc.

• Quien no está dispuesto a cambiar nada en su vida, no se acerca a Jesús (20), no se arriesga. Quien, al contrario, está dispuesto a cambiar, a dejarse cambiar, se acerca –o no se aparta– (21): esta persona será, ella misma, “luz” para las otras, es decir, militante (Mt 5,14).