Comentario – Lunes XIV de Tiempo Ordinario

(Mt 9, 18-26) 

Los dos personajes que nos presenta este texto son testimonios de fe, entendida como una confianza firme y espontánea que algunos tienen en Jesús y en su poder. Esa fe tiene la característica de una actitud humilde: el funcionario se echa a los pies de Jesús y también lo hace la mujer.

Según este texto de Mateo la niña estaba muerta cuando el funcionario se acerca a Jesús, mientras en Marcos 5, 23 se dice simplemente que la niña «se estaba muriendo». Mateo, al preferir la versión de la muerte previa a la súplica del funcionario, quiere destacar la inmensa confianza de este hombre.

Este texto también destaca la delicadeza de Jesús en el detalle de tomar a la niña de la mano. Si bien Mateo abrevió bastante el relato, porque en el evangelio de Marcos es mucho más extenso (Mc 5, 21-43), sin embargo Mateo no quiso obviar este detalle que nos ayuda a percibir la calidez humana del Señor, el modo delicado como cuidaba los detalles de amor en su relación con los demás. El Dios todopoderoso que manifiesta su gloria y su poder es también el que ama a sus criaturas, se acerca a ellas con respeto y ternura, y se preocupa también por los pequeños detalles.

Por eso mismo es destacable el interés de Jesús por mirar a la mujer que lo tocó buscando su fuerza sanadora. Jesús no se contenta con sanarla, quiere tener un encuentro con ella frente a frente, darle ánimo con sus palabras y elogiar su fe. Ese mismo estilo, respetuoso, delicado, cercano, es el que Jesús tiene con nosotros. Pero por eso mismo no le interesa tanto deslumbrarnos con prodigios sino cautivarnos con su persona, con el exquisito ofrecimiento de su amistad, con el regalo inestimable de su intimidad. Entonces sería bueno que tratáramos de descubrir y agradecer los pequeños detalles que el Señor ha tenido con nosotros, y también intentar actuar de la misma manera en nuestra relación con los demás.

 

Oración:

«Señor, en medio de mis problemas, insatisfacciones y preocupaciones, muchas veces no puedo ver tus pequeños detalles de amor. Ayúdame a reconocerlos Señor, para que pueda darte gracias con alegría».

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día