Comentario – Lunes I de Tiempo Ordinario

Mc 1, 14-20

Durante las nueve primeras semanas del año hacemos la lectura continua del evangelio según san Marcos, el primero que se puso por escrito y el más corto de los evangelios. Los trece primeros versículos, que no leemos aquí, porque se leyeron durante los domingos precedentes, relatan muy brevemente la «predicación de Juan Bautista», «el bautismo de Jesús» y «el retiro preliminar de Jesús en el desierto, donde fue tentado»…

Después que Juan fue preso, Jesús marchó a Galilea, predicando la «buena nueva» de Dios. 

Jesús humildemente sigue la predicación de Juan. Le ha dejado llegar hasta el final de su misión de precursor. A su desaparición, le llega a Jesús el turno de entrar en escena. ¿Sé yo dejar su lugar a los demás? Juan Bautista fue pues «detenido», y encarcelado. En esta situación dramática -la «buena nueva» es un estorbo y los portavoces de Dios son mal vistos- es cuando Jesús comienza: ya puede prever lo que le esperará dentro de algunos meses.

Decía «Los tiempos se han cumplido… y el Reino de Dios está cerca… Arrepentíos… y creed en la «buena nueva…» 

Voy a meditar pausadamente sobre estas cuatro palabras.

Jesús desde el principio se considera ser el término de todo el Antiguo Testamento. El tiempo fijado por Dios para cumplir sus promesas ha llegado. Una nueva era comienza. Abraham, Moisés, David, los Profetas… no eran más que una preparación: «Yo llego… cumplo… termino… Pretensión exorbitante. Se ha creído a veces poder soslayar la cuestión engorrosa que suscita la personalidad de Jesús, tratando de suprimir los milagros o de explicarlos humanamente. De hecho la conciencia que posee Jesús de su vinculación privilegiada con Dios está presente en todas las páginas del evangelio. Si se rehúsa admitir la divinidad de Jesús, no sólo se tendrán que romper algunas páginas molestas… toda la trama del evangelio quedaría rota.

«El Reino de Dios está cercano». Yo introduzco la humanidad en este reino. Es a partir de mí que este reino tan esperado va a comenzar por fin. «Convertíos». Cambiad de vida. Es urgente.

«Creed en «la buena nueva.» Sí, lo que acabo de deciros es bueno, ¡es una alegre nueva!

Caminando a orillas del mar de Galilea vio a Simón y a su hermano Andrés… Algo más allá vio a Santiago y a su hermano Juan… 

Marcos no intenta darnos una biografía real. Sabemos por el evangelio según san Juan que Jesús había ya encontrado esos mismos hombres a orillas del Jordán. Pero aquí Marcos quiere decirnos toda la importancia que, para Jesús, tienen los «discípulos».

Todavía no hemos visto a Jesús ante las muchedumbres, ni ante personas precisas…

Estamos sólo en el versículo 16 del evangelio… y he aquí que Jesús se rodea de cuatro hombres, que no van a dejarle más, y que veremos siempre a su alrededor. Son éstos más importantes para El que el entusiasmo de las gentes; es ya la Iglesia que se va preparando.

Venid… Seguidme… Yo os haré pescadores de hombres. 

Decididamente, este joven «rabí» se impone de entrada.

¿Quién es para tener tales pretensiones y tales exigencias? Parece saber muy bien lo que quiere. Por el momento no será un «maestro» intelectual reuniendo auditores para ir pensando con El… No, hay que seguirle para una acción, hay que trabajar en su obra, hay que ayudar a salvar a la humanidad.

Noel Quesson
Evangelios 1