Comentario – Lunes de la Octava de Pascua

Mt 28, 8-15

Durante la primera semana después de la Pascua, leemos algunos relatos que nos hablan de la resurrección. Sobre ella, en estos últimos años, se han hecho múltiples estudios exegéticos y teológicos. Un sencillo resumen de ellos se encuentra en el n.° 3 de «Cahiers de l’Evangile», con el título Christ est ressuscité». (E. Charpentier), sobre todo en las páginas 48 a 69.

Al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María…

Son amigas de Jesús.

Han vuelto a la tumba de Jesús por amistad, como entre nosotros, después del sepelio de un ser querido suele hacerse una visita al cementerio.

Son las mismas, precisamente que en la tarde del viernes asistieron al amortajamiento. (Mateo, 27-55.56). No hay pues error posible sobre esta tumba. ¡Danos, Señor tu amor! Sólo se ve bien con el corazón. Sólo el amor introduce en el conocimiento profundo de los seres con los que vivimos.

Después de haber visto al ángel del Señor —que les había dicho: «No temáis. Buscáis a Jesús, no está aquí, ha resucitado como había dicho»—

Se alejaron rápidamente del sepulcro… llenas de temor…

¡Dios está ahí! Hay dos signos claros para todo el que conoce el lenguaje bíblico:

— «el ángel», mensajero de Dios.

— «el temor», sentimiento constante en presencia de lo divino. Yo también quisiera dejarme aprehender por esta Presencia.

Y con gran gozo corrieron a comunicarlo a los discípulos.

Temor y gozo, a la vez.

Primera reacción: correr… ir a llevar la noticia… Son muchos los que «corren» la mañana de Pascua. Pedro y Juan pronto también correrán para ir a ver. (Juan, 20-4) ¿Tengo yo ese gozo? ¿Anuncio la «gozosa nueva» de Pascua?

Jesús les salió al encuentro diciéndoles: Dios os salve. Ellas, acercándose, le abrazaron los pies y se postraron ante El. Es Jesús el que toma la iniciativa. Es Él quien se presenta, quien les da los «buenos días». Es siempre tan «humano como antes. Probablemente les sonríe.

Pero ellas, manifiestamente ¡están ante la majestad divina! Como derrumbadas, el rostro en tierra. Su gesto es de adoración.

Entonces Jesús les dice: «No temáis».

Es lo que Dios dice siempre. El temor es un sentimiento natural ante Dios. Pero Dios nos dice: «No temáis».

«Id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea y que allí me verán.

Jesús, netamente, envía a la misión. Si se da a conocer a algunos, no es para que nos regocijemos de ello… sino para que nos pongamos en camino hacia nuestros hermanos. «Id a avisar a mis hermanos.»

Después de esta meditación, ¿qué voy a hacer?

Estoy entre los «amigos» de Jesús si participo en la evangelización.

Mientras iban ellas, algunos de los guardias vinieron a la ciudad y comunicaron a los príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido. Reunidos éstos en consejo tomaron bastante dinero y se lo dieron a los soldados diciéndoles: «Decid que, viniendo los discípulos de noche, le robaron mientras nosotros dormíamos…» Esta leyenda se difundió entre los judíos hasta ahora.

Esta es la solución que los «enemigos» han encontrado para explicar la tumba vacía… que les estorbaba. Los jefes judíos no desmienten el «hecho»: le buscan otra explicación… inverosímil.

Noel Quesson
Evangelios 1