Lectio Divina – Viernes VI de Tiempo Ordinario

“El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”

Invocación al Espíritu Santo:

Ven, Espíritu Santo. Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Amén.

Lectura. Marcos capítulo 8 versículos 34 al 9, 1:

Jesús llamó a la multitud y a sus discípulos y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta gente, idólatra y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga con la gloria de su Padre, entre los santos ángeles”.

Y añadió: “Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto primero que el Reino de Dios hallegado ya con todo su poder”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

(Se lee el texto dos o más veces, hasta que se comprenda).

Indicaciones para la lectura:

El camino doloroso de Jesús es también el camino del discípulo. Entre las exigencias que conlleva sobresalen tres:

La entrega y la solidaridad en el amor como camino indispensable para alcanzar la gloria de Dios; la renuncia a todo aquello que nos aparte de Jesús, especialmente nuestro egoísmo, para poder seguirlo y cumplir nuestra misión; y la fe en el poder divino de la salvación, incluso cuando esto nos ocasione todo tipo de persecuciones.

La auténtica renuncia cristiana no consiste en anular la propia personalidad ni en ignorar los dones que tenemos, sino en darle una dirección a nuestra vida, igual que Jesús se la dio a la suya.

Meditación:

¿Quién puede soportar estas palabras? ¿Seremos capaces realmente de seguir esta doctrina que se nos presenta hoy? ¿Podremos vivir el significado cristiano de la palabra abnegación?

Son algunas preguntas que se me presentan al leer este pasaje. Cristo es claro: seguirle significa dolor, sufrimiento y abnegación. Sí, significa todo esto más la salvación eterna. Pero ¿qué quiere decir eso de salvación eterna? Muy fácil, es la plenitud de la propia felicidad, es el cielo, vivido con Jesús y María, y todas las demás potestades.

Ya los antiguos, tenían la certeza que existía un mundo después de esta vida, por eso no tiene que extrañarnos que Jesucristo nos quiera dar como premio la vida eterna.

Con una motivación tan fuerte, el sacrificio propio queda transformado como un medio para llegar a tener la felicidad que anhelamos. Ofrezcamos los pequeños sacrificios de nuestra vida diaria, para que Dios los convierta en gracias de salvación.

Oración:

Te bendecimos Padre, porque Cristo nos enseñó el camino que por la muerte lleva a la vida. Con su ejemplo nos mostró la ruta del seguimiento, siendo el primero en la opción total por el Reino y adelantándose en entregar la vida para ganarla. Caminando con él, Cristo nos quiere libres para amar. Ayúdanos a hacer nuestros sus criterios y actitudes para liberarnos de nuestro egoísmo y pereza. Por su palabra y ejemplo entendemos que la medida de nuestra libertad es la capacidad de amar y de ascesis evangélica. Ayúdanos, Señor, con tu gracia. Amén.

Contemplación:

Catecismo de la Iglesia Católica numeral 618: La cruz es el único sacrificio de Cristo “único mediador entre Dios y los hombres”. Pero, porque en su Persona divina encarnada, se ha unido en cierto modo con todo hombre, él ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma por Dios solo conocida se asocien a este misterio pascual. Él llama a sus discípulos a tomar su cruz y a seguirle porque él sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas. Él quiere, en efecto, asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios […].

Catecismo de la Iglesia Católica numeral 908: Por su obediencia hasta la muerte, Cristo ha comunicado a sus discípulos el don de la libertad regia, “para que vencieran en sí mismos, con la propia renuncia y una vida santa, al reino del pecado”.

Oración final:

Gracias, Señor, por tu compañía, por las ocasiones que me das para amarte en la lucha y en el sacrificio, en el trabajo y en las dificultades. Que sepa, Señor, colmar mi vida de tu gracia para poder permanecer fiel al Evangelio en vez de vivir centrado en mí mismo, en mis intereses y gustos. Por la cruz y desde la cruz me enseñas el camino a la felicidad.

Propósito:

Que las dificultades de este día sean ocasiones para crecer en el amor y confianza en Dios.

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