El Señor de la vida

1. Es lógico que el pueblo enfermo y dolorido se dirija a Dios pidiéndole la salud propia o la de sus hijos. Así lo hicieron las gentes con Jesús, según narra el evangelio. Por ser dirigidas a Dios, se justifican las oraciones de los fieles, que son preces de petición expresadas después de las lecturas y de la profesión de fe. Naturalmente, queda para el final la plegaria de acción de gracias u oración eucarística.
 

2. Cuando una persona es buena de verdad y tiene Espíritu de Dios, brota vida de su interior. La fe es dinamismo vital. Sin fe no hay curación; habría magia. Las curaciones de Jesús son reveladas a sus discípulos como muestras de la acción de Dios, que no discrimina a quien le pide, pero que da la salud a quien lo hace con fe, con confianza en la voluntad de Dios.
 

3. La mujer curada se va «en paz», con plenitud interior y exterior de deseos de vida plena y compartida; la niña «se puso en pie y echó a andar», que equivale a resucitar a una nueva vida, vida de conversión.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Qué tipo de peticiones le hacemos a Dios y en qué momentos?

Casiano Floristán