La Sagrada Familia

1.- En la distribución de los mandamientos, nosotros, los católicos occidentales, lo hacemos en dos compartimentos. En el primero ponemos 3 y decimos que son los mandamientos referidos a Dios. En el otro ponemos 7 y decimos que son los referentes al prójimo y, entre estos ponemos el mandamiento de honrar a los padres. En la distribución que hacen los judíos a este último lo ponen en la primera tabla, porque dicen que honrar a los padres es un precepto que pertenece a Dios.

Padres e hijos juntos, forman una familia. A veces se añaden a ellos los abuelos y es una buena práctica, si ellos lo necesitan. A esto, frívolamente, muchos le llaman la familia tradicional, como si se debiera actualizar, modernizar y modificar esta manera de vivir.

2.- Es bueno que hoy nos preguntemos ¿Cómo debe ser una familia? En este terreno nosotros los cristianos no debemos buscar inventos. Es preciso aprender de Dios mismo, pues, al venir al mundo, lo hizo perteneciendo a una familia y pasando la mayor parte de su vida en vida familiar. José, seguramente, murió cuando Jesús era joven. María quedo viuda, sin desamparar nunca a su hijo. Lo acompañó, al principio de su vida apostólica, en aquellas bodas de Caná y, sabiendo ya la categoría que tenia, intercedió a favor del honor de los recién casados. Lo defendió cuando los parientes creían que estaba loco y por encima de todo lo acompañó en el momento de su muerte. Esta familia a la que llamamos sagrada, ha de ser ejemplo para todos nosotros. Que los demás llamen familia a lo que quieran, las nuestras han de ser imitación de la de Nazaret. Y cualquiera de vosotros, cuando no sepa que decisión tomar, ha de imaginarse que está allí y preguntarse ¿Qué haría Jesús, si se encontrara en mi situación? Imaginarse y rezar para obtener ayuda ha de ser nuestra costumbre. Los ordenadores evolucionan de tal manera que al poco de comprar uno ya sale otro modelo. Pero los ordenadores son fruto de la técnica, la familia en cambio un querer de Dios. Si esto lo tuvieran siempre presente los hijos, si esto lo tuvieran presente los esposos, no habría tantos disgustos, ni tantos divorcios. Pueden cambiar los domicilios, puede cambiar la manera de vestir o los horarios, pero el amor filial, el maternal y el paternal, no debe cambiar. Hoy vosotros, aunque seáis jóvenes, debéis preguntaros ¿Cómo quiero que sea la familia que yo formaré? Y aprovechad el día para pedir ya ahora al Señor que cuando os caséis seáis muy fieles a su ejemplo.

3.- En el evangelio se nos cuenta que fueron los padres con su hijo a ofrecerlo al Templo. La distancia no era grande, unos 10 Km., con seguridad la harían muy emocionados. Como no eran ricos, ofrecieron un par de tórtolas o dos pichones, y cuando marchaban satisfechos, por aquella gran explanada se encontraron a dos viejecitos. La gente dice riéndose, que los ancianos son como niños, y no les hace caso. Pero los abuelitos de Jerusalén tenían una larga vida de fidelidad a Dios y por eso en aquel momento se convirtieron en los primeros profetas del Nuevo Testamento en Jerusalén. Uno le hablo con mucha seriedad a la joven madre, de los sufrimientos que le ocasionaría su hijo. Se atrevió a evangelizar a la Virgen, ¡ya es valentía hacerlo! Pero si así fue es porque había pasado su vida siendo fiel a Dios y había recibido con confianza las confidencias que el Espíritu Santo le había hecho. La otra, sin sentir vergüenza, continuó lo que habían iniciado los ángeles en Belén y se puso a anunciar las maravillas de aquella Criatura, la primera mujer apóstol, como más tarde lo sería Maria Magdalena.

4.- Con estos inicios, no es extraño que esta menudita familia fuera creciendo y fueran un ejemplo para todos los creyentes de todas las épocas. No os dejéis engañar. Los grandes deportistas, los mayores ricos, los más poderosos políticos, pueden hacerse famosos un momento, pero pronto la gente se olvida de ellos y son superadas sus conquistas. Y lo que hicieron pronto deja de ser importante. Han pasado 2000 años y todavía la vida de la Sagrada Familia, es un ejemplo que nos sirve para imitarlos y lograr ser felices.

Pedrojosé Ynaraja