Luz de Europa

1.- El Camino de Santiago supuso, durante toda la Edad Media y no poco de la Moderna, el segundo punto obligado de peregrinación en Europa. El primero era Roma. Al amparo de ese recorrido se fue consolidando la realidad europea y bien puede decirse que la corriente espiritual cristiana –espacio permanente de conversión a la Palabra del Señor Jesús– más densa, laica y culturalmente más fuerte salió de dicho camino y de sus caminantes: los peregrinos. El Apóstol Santiago se iba a convertir en el autentico faro, en la luz guiadora de Europa y de su pujante cristianismo. Es indudable que la celebración litúrgica de hoy tiene ese sentido especial que le da la propia historia del enterramiento en tierras de Galicia del Apóstol Santiago. No hay referencias claras a las tumbas de los Apóstoles. Es obvio que bajo la Basílica de Roma, junto a la sede del Vicario de Cristo, reposa el primer Papa: San Pedro. Y luego Santiago en tierras de Galicia. La importancia de esa presencia da un contenido permanente a la Historia de España y no por exclusivas razones políticas o civiles. Santiago es origen de la fe católica en España.

2.- Es muy atractivo pensar en esa estancia española de Santiago. Es cierto que no está acreditada históricamente, pero no es difícil pensar, sin gran margen de error, que el Apóstol estuviese en el actual territorio español, entonces llamado Hispania y provincia importante del Imperio romano. Como se sabe, se ha especulado mucho también sobre un viaje –o viajes– del Apóstol Pablo a la península ibérica. El mismo anuncia en sus cartas la cercanía de tal visita. Luego, asimismo, no hay constancia del viaje, pero eso no quiere decir que no se hubiera producido. Las referencias a la actividad apostólica son muy escasas. Solo están los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de Pablo. De ellas se sabe que solo han llegado a nosotros unas pocas. La secuencia histórica de tal actividad está más que incompleta. Y en ese sentido lo mismo puede ocurrir con Santiago. Y se dice todo esto porque hay muchos detractores respecto a la veracidad del trabajo pastoral de Santiago en España. Poco importa. Desde el punto de vista documental ninguna de las dos posiciones puede ser confirmada, pero la herencia de muchos años y los frutos de fe ahí están. Consideramos –y nos sentimos felices por eso– que el Apóstol Santiago es el padre de la fe de los españoles y, por ende, el origen primero de la fe de los Iberoamericanos.

3.- La Misa de la Solemnidad de Santiago es de una gran belleza litúrgica. Los Hechos de los Apóstoles narran brevemente la ejecución a espada de Santiago por orden de Herodes. El texto habla de la detención de Pedro y Juan. Y en su defensa, Pedro va a expresar una de las frases más radicales y ciertas del pensamiento cristiano universal. Dice: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó haciéndole jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos somos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen». San Pablo con su prodigiosa expresividad va a condensar mucho de lo que ocurre con el difícil camino de seguimiento de Jesús. «Nos aprietan por todos los lados –dice Pablo–, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo». ¿No es así desde entonces? Confesar a Jesús no es un camino de rosas, ni antes, ni ahora. En nuestro mundo actual la condena de las actitudes de la Iglesia y de sus fieles es permanente. Se ejerce una persecución más sutil que es el ataque indirecto o la condena secreta.

4.- El Evangelio de San Mateo de hoy contiene uno de los episodios más hermosos y densos de la Escritura. Es la madre de los Zebedeos quien pide para sus hijos el mejor puesto en el futuro Reino del Mesías. Jesús responde: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» Y añade: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Estaba profetizando sobre la cruz que tendrían que vivir y que se iguala con la de Cristo. El martirio de Santiago, El Zebedeo, a manos de Herodes es lo que celebramos hoy.

5.- Y, en fin, continuamente los apóstoles están en la espera del reino material. Se lo iban a preguntar –«vas a restablecer ahora el Reino de Israel”– poco antes de la Ascensión, sin que todavía se hubieran dado cuenta de la naturaleza profunda del Reino de Dios. La proposición de la madre de Juan y Santiago iba a producir el resquemor de los otros apóstoles, que, tal vez, ellos esperaban lo mismo, pero no se habían atrevido a pedirlo. El Señor Jesús sabe lo que hay en sus corazones y, entonces, les dice: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros; el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos». Es una enseñanza clara y diáfana, sin lugar a interpretaciones. Pero, sin embargo, los cristianos dentro y fuera de la Iglesia seguimos atesorando puestos y buscando el poder sobre los demás, porque el matiz de mandar sirviendo es muy difícil. Una autoridad ejercida desde el principio de relación entre amo y esclavo, siendo el esclavo quien tiene la responsabilidad de las decisiones, es una gran paradoja.

Pero el mensaje de Cristo esta lleno de estas paradojas que nos sirve para pensar sobre nuestra relación con los hermanos. Una de las divisas del Romano Pontífice es el «Siervo de los Siervos de Dios» y surge de esa doctrina. Debemos desactivar imperio y poder. Servir a los demás de tal manera que nuestro servicio se traduzca en decisiones comunitarias que marque el camino de todos. Un buen comienzo sería iniciar en nuestra mente el pensamiento que somos el menor y el menos preparado de todos. Y que sirviendo a los demás no hacemos otra cosa que cumplir con nuestro deber. Al final la entrega total de los mártires es algo como eso: con su radical servicio dirigen la vida de la Iglesia.

Ángel Gómez Escorial