Pasó haciendo el bien y sembrando cariño

1. – Todos los evangelistas y Pedro, como hemos visto en la segunda lectura, quieren dejar bien claro el puesto de Juan el Bautista, figura querida por todos, el mayor de los nacido de mujer, pero mera flecha en la cuneta señalando el verdadero camino, que es Jesús. Juan es testigo de la llamada que hace el Padre a Jesús y de cómo lo unge con el Espíritu Santo para cumplir su vocación de verdadero Mesías. El Mesías es Jesús, no Juan.

2. – Ese Mesías no va a ir por las calles clamando a gritos, haciendo reivindicaciones sociales, acusando y amenazando con grandes castigos. Jesús va a pasar por el mundo haciendo el bien. No haciendo beneficencia de arriba a abajo, haciendo el bien, que para eso se hace uno de nosotros y en un bautismo general “comunitario” se pone a la cola, a nuestra altura. No es el Rey benéfico que pasa repartiendo pan a los pobres. Es el amigo que camina hombro con hombro con nosotros.

Pasó haciendo el bien, pasó sembrando cariño y bondad. Solo el que ama puede hacer el bien. Se pueden hacer muchas cosas, aún buenas y eso es eficacia. Pero solo el que ama, en sus obras hace el bien. Hacer cosas buenas sin amor es tirar una limosna a un pobre. Hacer el bien es dar la limosna poniéndola en la mano con cariño. “Podría dar en limosnas todo lo que tengo, si no tengo amor de nada me sirve”, dirá San Pablo.

3. – La misión de Jesús Mesías que se le hace patente en el bautismo de Juan es pasar haciendo el bien. También nosotros hemos recibido esa misión en nuestro bautismo. También nosotros tenemos que pasar haciendo el bien. Por el bautismo entramos en la Iglesia, ese pueblo de hermanos cuya ley fundamental, dada por Jesús, es que nos amemos unos a otros, que nos preocupemos unos por otros. Y por esa ley de amor nos van a juzgar. “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve ser y me disteis de beber, estaba desnudo y me vestisteis…”

Según Juan el bautismo de Jesús es de Espíritu Santo y fuego. Espíritu que es unción, suavidad, bondad para saber esperar, para no apagar la mecha que aún humea, para no acabar de quebrar la caña quebrada pero que aún puede reverdecer. Y fuego que nos pone dentro la inquietud de no pasar por el mundo con las manos vacías, inquietud de no perder la ocasión de hacer el bien.

4. – Sólo haciendo el bien podremos ser hijos de Dios, asemejándonos a nuestro Padre Bueno. Solo haciendo el bien nos transformaremos internamente, saliendo de nuestros egoísmos y odios. Poniendo amor donde hay odio: Perdón donde hay ofensa. Armonía donde haya discordia. Fe donde haya duda. Y esperanza donde encontraremos desesperación. Y es útil repetir todo esto:

+ Que donde haya odio sepamos poner amor
+ Donde haya ofensa pongamos perdón
+ Donde haya discordia pongamos armonía
+Donde haya desesperación pongamos esperanza
+Que no nos empeñemos tanto en ser consolados como en consolar
+En ser comprendidos como en tratar de comprender
+En ser amados como en amar
+Que nunca olvidemos que dando se recibe, olvidando se encuentra y perdonando se es perdonado.

Así llenaremos la misión que recibimos en el bautismo como el Señor Jesús, y llevaremos encendida en nuestras manos la vela que entonces nos dieron, que es luz de Fe verdadera, llena de hacer el bien.

José María Maruri SJ